martes, 29 de octubre de 2013

Mi Ciudad San Juan Nepomuceno

San Juan Nepomuceno es una ciudad de Paraguay, en el Departamento de Caazapá.
Se encuentra a 249 km de la ciudad de Asunción, unida a través de la ruta Blas Garay en el departamento de Caazapá. Abarca 1.011,11 km², y tiene la población urbana más elevada del departamento.
En febrero de 1904 se constituye la primera Junta Municipal, con la denominación de Junta Económica y Administrativa, bajo la presidencia de Marcelino Britez, que comienza el siglo con la construcción de los puentes sobre el río Capiibary.
San Juan Nepomuceno se encuentra en una zona de gran riqueza ecológica y vive de la agricultura y la ganadería. Se encuentra a poca distancia de la Cordillera del Ybytyruzú.
San Juan Nepomuceno vista mapa

San Juan Nepomuceno vista satelite


Historia
Fue una de las últimas fundaciones franciscanas llevadas a cabo durante el dominio realista. El pueblo originario charavaná, provenientes del Alto Paraguay, pidieron en julio de 1797 que se les redujera a pueblo. Para ello comisionaron ante el Gobernador Lázaro de Rivera, al Coronel José Espínola, además de José Ibáñez Ibacu y de Tomás Ortega.
Sometidas y usurpadas sus tierras, manifestaron al gobernador Rivera su deseo de obtener tierras fértiles en el Tebicuary a fin de que su nación las pudiera poblar. También pidieron un sacerdote que les doctrinara y un administrador que se ocupara de los bienes temporales. Según Susnik, Rivera tenía gran interés en la explotación de esas fértiles tierras y por consiguiente su aprobación no se hizo esperar. Encargó al Coronel Espínola para que se ocupara del traslado de los charavanás y dispuso que se les entregara ponchos y alimentos hasta que la nueva reducción estuviera en condiciones de recibirlos.
Por ser los terrenos del Tebicuary “algo bajos” se pensó ubicarlos en Caazapá, en un extenso paraje donde dicha comunidad tenía un potrero llamado San Francisco. Se encomendó al administrador de la reducción de San José de Caazapá para que señalara los terrenos y delineara el cuadro que había de formar el pueblo con método y regularidad. En la plaza mayor debía edificarse la iglesia, cárcel, escuela y casa para el cura.
Las reducciones de Caazapá y Yuty ayudaron al mantenimiento de la nueva población con ganado y herramientas para la labranza.
Los límites de la nueva reducción eran: al norte: el arroyo Guayaybi; al sur: la unión del arroyo Capi’ibarymi con el río Capi’ibaryguazú; al este: el río Capi’ibaryguazú; y al oeste: el arroyo Capi’ibarymi. Las tierras cedidas por los franciscanos totalizaron 30 km x 75 km = 2.250 km² = 225.000 ha.
Luego de la Independencia, debido a la falta de comunicaciones, ha sido lenta la incorporación de una corriente migratoria que favoreciera el desarrollo de la comunidad. Escasas familias provenientes principalmente de Caazapá y algunas de Villarrica, vinieron a asentarse e iniciar la explotación de la yerba mate de los montes de Ñucañy y Tabaí, empleando como medio de locomoción y carga al paciente y dócil borriquito. A lomos de estos animales transportaban los raídos de hojas y mboroviré por senderos donde no habían aún carretas y puentes. Solamente de San Juan hacia el oeste se podía transitar en carretas. El este de San Juan era todo selva hasta la costa del río Paraná.
Los avatares de la guerra de 1865 a 1870 prácticamente no tuvieron incidencia en la vida de esta región, ya que no fue escenario de ninguna acción bélica.
De 1870 a fin del siglo, 1900, es cuando empieza a definirse la base del despegue de la economía y la identidad cultural del pueblo, con la venida de familias calificadas provenientes de Caazapá, Asunción, Ybytymi, etc. Al término de la guerra, la venta de tierras fiscales a empresas extranjeras y nacionales hizo posible el establecimiento de grandes obrajes y factorías de yerba mate en las costas del río Paraná. Entonces el flujo de comercio de madera y yerba se volcó hacia el este, arrastrando masivamente a los hombres de esa tierra a prestar sus servicios en aquellos montes, que se hicieron célebres por la despiadada explotación humana y la consiguiente criminalidad de los patrones, asociados a complacientes autoridades. Pero valió la experiencia para los sanjuaninos que se hicieron expertos en las labores de monte, sobre todo en la explotación de madera con toda su implicancia, ya que la profesión maderil trae aparejada una serie de ocupaciones afines e interdependientes. Junto al hachero propiamente dicho, o rollicero, figuran el recibidor, labrador, picadero, cabrero, boyero, cuarteador, arreamero, talabartero, alambrador, carpintero, y el prototipo del hombre de monte, el descubierto o explorador.